Hay partidos que importan por lo que se juegan y otros que importan precisamente porque no se juegan nada. El de esta noche en Pamplona pertenece a la segunda categoría, ese purgatorio futbolístico en el que los equipos van a cumplir el expediente mientras el aficionado se pregunta dónde firmó para sufrir así. El Atlético llega a El Sadar con la Champions amarrada para la próxima temporada, la Copa perdida, la Liga ya cosa del pasado y la semifinal europea evaporada en Londres. Resumen: nada en juego salvo la dignidad, que últimamente cotiza a la baja en el mercado rojiblanco.
Un equipo en modo "pantalla en negro"
Solo 2 victorias en los últimos 9 partidos. Cinco triunfos a domicilio en toda la temporada y seis derrotas en los ocho últimos desplazamientos. Si esto fuera una serie de Netflix, ya la habrían cancelado tras la segunda temporada.
Y sin embargo, aquí estamos, esperando ver al de siempre poner cara de "esto lo arreglo yo en verano con cuatro fichajes". El problema es que llevamos varios veranos escuchando lo mismo, y los fichajes —que han sido buenos, no nos engañemos: Hancko, Baena, Almada, Sorloth, Lookman, Le Normand— se topan con un sistema que sigue jugando como si estuviéramos en 2014. Da igual que cambien los nombres en la camiseta: el plan táctico parece sacado del mismo VHS.
El balance que nadie quiere hacer
Pongamos las cosas claras antes de seguir, no vaya a ser que algún tuitero nos llame "no atléticos":
Copa del Rey: finalista. Perdida. Finalista, sí, pero también en el sentido de que ya está finalizada. Champions: eliminados en semis por un Arsenal que nos leyó como un libro abierto, con un Julián Álvarez marginado en Londres y unos cambios del banquillo que ya forman parte del folclore patrio. LaLiga: terminó hace semanas en lo emocional. La derrota ante el Celta del sábado pasado en el Metropolitano solo lo certificó.
Eso sí: la Champions de esta temporada ha sido la más rentable de la historia del club, con más de 100 millones ingresados. Maravilloso para el balance contable, triste para el balance emocional. El aficionado no factura. Sufre.
Lisci y un Sadar que muerde
Enfrente, un Osasuna que sí se juega cosas. Décimos, a dos puntos de los puestos europeos, soñando con una Conference que el Atleti ningunearía y que para ellos sería un soplo de aire fresco. El Sadar es un fortín: solo el Barcelona ha salido vivo de Pamplona desde finales de noviembre.
El detalle picante: la última visita del Atleti a Navarra acabó 2-0 para los rojillos, con Budimir sentenciando en la recta final. O sea, que el guion ya lo conocemos. Y Budimir, ese delantero al que aquí nadie quiso fichar nunca a pesar de los gritos, sigue ahí, esperando para hacernos daño otra vez. Las ironías del fútbol.
Las alineaciones probables
Osasuna (4-2-3-1): Aitor Fernández; Rosier, Catena, Boyomo, Javi Galán; Moncayola, Iker Muñoz; Rubén García, Aimar Oroz, Raúl Moro; Budimir.
Atención al detalle: Javi Galán, exjugador del Atleti al que aquí no le encontrábamos sitio, probablemente nos correrá la banda como si tuviera 20 años. El fútbol y sus karmas.
Atlético de Madrid (4-2-3-1): Oblak; Molina, Pubill, Hancko, Ruggeri; Koke, Llorente; Giuliano, Griezmann, Lookman; Sorloth.
Con dudas serias: Giuliano arrastra molestias en la cadera, Julián Álvarez no se sabe si viajará por su tobillo, y Pubill —que no es central— juega de central porque la zaga está en cuadro. La enfermería rojiblanca tiene más fichas que el once titular, y eso también es responsabilidad de alguien, no de la mala suerte cósmica.
El asunto Simeone
Tarde o temprano hay que hablarlo, y mejor temprano. Llevamos años defendiendo lo defendible: estabilidad, identidad, espíritu, esos sustantivos abstractos que en las hemerotecas envejecen como el pescado. Pero esta temporada ha desnudado algo que cuesta admitir: el cholismo, como idea futbolística, da síntomas de cansancio terminal. Los partidos grandes se afrontan con el freno de mano echado, las plantillas se renuevan pero el discurso es el mismo de 2013, y los rivales nos leen como un libro abierto.
No es cuestión de gratitud. Simeone es el entrenador más importante de la historia reciente del club y eso no se discute. La discusión es otra: ¿cuántas temporadas más vamos a quedarnos en "casi"? ¿Cuántos finalistas, semifinalistas y cuartofinalistas más vamos a celebrar como si fueran títulos? Porque competir mola, pero ganar mola más, y el segundo verbo se nos ha olvidado.
