Lamentablemente podemos afirmar que al Atlético de Madrid le da exactamente igual la integridad física de sus hinchas. Es lo que se desprende de su propia inanidad. Quizá el acomodo de los ultras y la connivencia con la Policía que emplea un uso desmedido de su fuerza les interese algo más. El día de autos fue la tarde del pasado 29 de abril. Madrid. Estadio Metropolitano. En algo más de una hora daría comienzo la semifinal de Champions contra el Arsenal, de la que,a la sazón, fuimos eliminados. No supimos (o no quisimos) ir a por el rival en el segundo tiempo de la ida. Pero esto no es objeto de esta columna. 

Eran, aproximadamente, las 20 horas de la fecha mencionada en el primer párrafo cuando lo absolutamente inentendible ocurrió. Miles de personas salíamos de los vagones hacia el exterior cuando una suerte de humo infame iba nublando la festiva atmósfera que se le presupone a un evento de tamaña envergadura. En un primer momento, quien suscribe pensó que se trataría de una bengala. Tardé acaso un segundo en cambiar de opinión. El aire era irrespirable. Una gran masa corría contra sentido con el objetivo de volver a los andenes. Algo, y nada bueno, se cernía sobre millares de aficionados y aficionadas inocentes. 

Resultó, como ya es consabido, gas pimienta lanzado por la Policía a las propias puertas de una estación de Metro en hora punta en que pululan miles y miles de personas. Aquello fue una ratonera humana. Gritos, pánico, embestidas, lesiones… Niñas, niños, personas mayores, personas con asma… 

¿Pero qué había acontecido para que un Cuerpo sufragado con el dinero público dispusiese de una opción que perjudica a inocentes? Nada. Absolutamente nada justifica la manifesta y palmaria actitud abusiva de los agentes. No hubo batalla campal ni similar. De haberse dado, huelga decirlo, sería absolutamente condenable. Huelga señalar igualmente que rechazamos los grupúsculos de extrema derecha, inentendiblemente protegidos por Gil Marín. Por supuesto que los queremos fuera de los estadios. Ojalá se actuase con la firmeza que otros clubes sí han demostrado. Pero, a riesgo de resbalar en la reiteración, el 29 de abril de 2026 no sucedió nada en ese sentido. Algún agente, ataviado bajo su escafandra y pistola esgrimía, con infame sorna, “es lo que hay”. 

Así las cosas, yo mismo experimenté en piel propia la necesidad de atención médica en el propio estadio, parte de lesiones mediante. Distensión abdominal por la ingesta del infausto gas y queratitis ocular. El fútbol, la semifinal, quedaba ya en un segundo o tercer plano. Porque la prioridad siempre será disfrutar del evento deportivo con la familia propia y la de la grada en son de paz. Se gane o se pierda luego en el campo. 

Tras esta siniestra jornada, fuimos muchos abonados y abonadas quienes llamamos al Club para quejarnos, exigir explicaciones y, tal vez, escuchar empatía. De su parte, nos invitaron a plasmarlo por escrito, asegurando que responderían. Prácticamente un mes después sólo han ofrecido mutis por el foro. La forma menos indicada de cuidar a tu gente. No en vano, sí hemos recibido muchas instrucciones de cómo usar el abono la próxima temporada y demás reglas del fútbol moderno. ¿Es seguro, entonces, asistir al Metropolitano? El Atleti debe responder; aunque todo indica que apagará el fuego mostrando perfil como las figuras egipcias. Menudo plan…

Adrián Argudo Sánchez.